Excelencia vs Exigencia

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Created on Monday, 18 November 2013 • Written by Manuela

Es habitual encontrarme con personas, con mandos intermedios, directores, profesores, entrenadores, padres, madres… que hacen alarde de lo exigentes que son en sus empresas, en sus vidas, con sus hijos… Expresiones como:

“Aquí somos muy exigentes” se utilizan con orgullo y tal vez desde el juicio de que “ser exigente es lo correcto, es lo bueno, y es lo que garantiza el éxito personal y profesional”. Probablemente fue un aprendizaje que incorporaron cuando eran niños. A una edad muy temprana empezamos a escuchar de los adultos de referencia mensajes como estos:

“tienes que ser el mejor”, “esfuérzate para sacar mejores notas..”, “puedes y debes esforzarte todavía mucho más”, “No te has esforzado lo suficiente”, “si te esforzaras más conseguirías mejores resultados”, “Si no lo consigues es señal de que no te has esforzado lo suficiente”…

Estas y algunas otras creencias hay quien las ha vivido con tal convicción que desconoce que existe otra forma de vivir.
Llegar a convertir estos mensajes en fuente de nuestros pensamientos y creencias nos condiciona a vivir la vida con una exigencia muy alta, orientada sólo a conseguir resultados. Una exigencia que frecuentemente ha sido estimulada para acatar las órdenes de los padres, o para complacer a los superiores: maestro, jefe, madre, padre, hermano…, dejando de prestar atención a lo que para cada uno es importante y prioritario, a la propia y verdadera necesidad personal.

Al observarles durante la conversación, percibo que esas palabras se apoyan en cuerpos que denotan cierta rigidez. Hombros tensos, brazos cruzados, cuello álgido… Un cuerpo que vive para obedecer, acatar, cumplir, complacer las demandas y mandatos que vienen del mundo exterior. Un forma de vivir que genera una elevada dosis de Insatisfacción, la exigencia no se siente nunca satisfecha, los resultados siempre se hubiesen podido mejorar, los logros nunca son suficientes por buenos que sean, siempre pueden ser mejores.

Desde esa rigidez corpórea intuyo estar frente a personas que están viviendo la vida en blanco y negro, desde el sentir de la polaridad bueno o malo. Y cuando escucho lo que emanan sus palabras siento el sufrimiento que provoca esa forma de observar y de mirar el devenir de las circunstancias de la vida. Porque desde esa mirada, sus pensamientos están enfocados en lo que falta, en lo que no han conseguido, en lo que faltó por completar, y en lo que nunca llegaran a alcanzar, y eso hiere en lo más profundo de su ser.


La mirada de la exigencia sufre ante al error porque el resultado que ha obtenido a través de sus acciones, no es perfecto. Mezcla y confunde lo que hace con lo que es. El ser exigente busca la perfección, algo que probablemente no encuentre, porque siempre se puede mejorar. Buscar la perfección, es algo así como nadar en un mar sin fondo, nunca llegas al final. Eso genera frustración, ya que se ve y se interpreta cada obstáculo que aparece en el camino como un fracaso, algo que está impidiendo alcanzar la meta. Y el deseo está en la meta.

Este perfil de persona, está siendo desde mi punto de vista poco amable consigo misma al confundir lo que realmente es con lo que hace. El error está en “su hacer” no “en su ser”, pero al confundirlo y mezclar “el ser” con “el hacer”, les produce dolor, y desde ahí viven la crítica como un ataque personal, mostrando resistencia a otros puntos de vista y a admitir críticas y sugerencias.

Vivir es aprender, aprender es progresar y errar forma parte del camino”


Podemos entrenarnos para cambiar la forma de comprender y de gestionar el error.

Cuando aprendemos a utilizar la “mirada de la excelencia” ponemos el foco en el camino, no en la meta. Hacemos las cosas lo mejor que sabemos hacerlas. Durante el camino avanzamos con ilusión, disfrutando de las experiencias que van aflorando, interpretando los obstáculos como nuevos desafíos que provocan que afloren de nuestro interior nuevas fortalezas, habilidades, nuevos recursos que hasta entonces permanecían en el letargo.

Si no sale tal y como esperaba, no “soy yo” es una parte “de mi hacer” que se puede mejorar (Miriam Ortiz de Azarate).

El hábito de la excelencia abre las puertas a la diferencia, las alternativas, admite la crítica con humildad, porque la ve como una oportunidad de mejora y desde ahí en vez de sentirse amenazada, se siente agradecida, porque le permite seguir aprendiendo y avanzando por el camino con mayor fluidez. Con ese hábito y con esa mirada la posibilidad de conseguir resultados se incrementa.

 
  • Paraliza.
  • Martiriza.
  • El error es una fuente de frustración
  • Pone el foco en el hacer.
  • Vive en la obligación.
  • Le preocupa en exceso su imagen.
  • Ocupado en satisfacer y complacer a los demás.
  • Siempre cabe más esfuerzo, nunca es suficiente.
  • Fuente de insatisfacción.
  • Los logros nunca son suficientes, no se celebran.
 
  • Permite crecer.
  • Conecta con el disfrutar.
  • Interpreta el error como una oportunidad.
  • Pone el foco en el ser.
  • Vive en el compromiso.
  • Se ocupa de su imagen autentica.
  • Se ocupa de ser fiel a sus autenticas necesidades.
  • Cada paso es un nuevo aprendizaje.
  • Fuente de satisfacción personal.
  • Me permito disfrutar y celebrar cada logro.
  • Abre las posibilidades para conseguir mejores resultados La búsqueda de lo perfecto resulta poco eficaz.